|
En Español
|
|||
Las mujeres actúan rápidamente para hacer valer sus derechosPero muchas luchan con la incertidumbre y el temor en Afganistán 12/04/01
Por GREGG JONES / The Dallas Morning News KABUL, Afganistán - Durante cinco miserables años, Kabra Hadri vivió como prisionera en el opresivo mundo que les impuso a las mujeres el radical régimen Talibán de Afganistán. Ella nunca dejó su hogar a menos que fuera acompañada por un pariente masculino. Y cuando se aventuró a salir, siempre usó la burqa, el voluminoso vestido que va de la cabeza a los pies y que el Talibán dijo protegería a los hombres de la tentación de las partes expuestas de una mujer. Pero cuando el Talibán huyó de Kabul durante la noche del 12 de noviembre, expulsados de la ciudad por una punitiva campaña de bombardeos norteamericana, la Sra. Hadri no esperó mucho para reclamar su independencia. Al día siguiente, ésta esposa de 44 años desechó su burqa, se puso una mascada alrededor de la cabeza y se dispuso a realizar una larga caminata hasta el centro de la ciudad. "La gente me dijo: ‘¡Maravilloso! ¡Muy bien!’" dijo la Sra. Hadri. "Los muchachos me aplaudían, gritando, ‘¡Felicidades!’ Durante estos años estuvimos sufriendo". "Y ahora estoy feliz." Mientras los líderes políticos y jefes militares afganos discuten sobre la conformación de un nuevo gobierno, las mujeres afganas se están movilizando rápidamente para hacer valer sus derechos. Algunas han tomado la decisión altamente simbólica de hacer a un lado sus burqas y mostrar sus rostros en público. Cientos realizaron una protesta pública para atraer la atención hacia su difícil situación y demandar el derecho de trabajar y educar a sus hijas lo cual fue proscrito por el Talibán. La extraordinaria manifestación de Kabul fue organizada por Soraya Parlika, de 57 años, exjefa de la Luna Creciente Roja de Afganistán y relevante defensora de las mujeres. Su departamento, ubicado en un complejo habitacional muy afectado por los bombardeos, se ha convertido en un lugar de manifestación para cientos de mujeres que emergen de años de opresión para exigir una voz en el nuevo gobierno afgano y un rol más equitativo en esta sociedad islámica. No obstante, muchas mujeres siguen temerosas. Ya que aún no es claro, exactamente que derechos pueden esperar las mujeres afganas de algún nuevo gobierno. Subrayando la incertidumbre, la Sra. Parlika y otras manifestantes recién cancelaron una marcha hacia las instalaciones de la ONU. Un representante de la facción armada que ahora controla Kabul les pidió a las mujeres que cancelaran la marcha debido a "razones de seguridad", dijo la Sra. Parlika. Los nuevos gobernantes de Kabul dicen que las mujeres tienen libertad para decidir el usar burqas o sólo mascadas. Pero el domingo pasado, fue difícil encontrar una mujer en los bazares u otros lugares públicos que no portara la burqa, en parte debido a que muchas mujeres aún temen mostrar su rostro debido a la incertidumbre política, dijeron varias mujeres. Antes de que el Talibán invadiera Kabul en 1996, las mujeres jugaban un destacado rol en la vida profesional y pública de la capital afgana. Eso cambió de la noche a la mañana cuando el Talibán tomó el poder. Este movimiento radical islámico prohibió que trabajaran las mujeres y proscribió que las jovencitas fueran a la misma escuela que los jóvenes, impidiendo con ello la educación de las mujeres. A las mujeres también se les prohibió salir de su casa a menos que fueran acompañadas por un pariente masculino y tenían que cubrirse completamente con una burqa, algo similar a una tienda de campaña personal. Esta política tuvo efectos devastadores en una sociedad resquebrajada por dos décadas de guerra. El número de mujeres que fallecieron al dar a luz se incrementó de manera alarmante debido a la prohibición de que doctores masculinos las asistieran en el parto, dicen socorristas y defensores de los derechos de la mujer. La educación virtualmente se colapsó cuando se les prohibió trabajar ya que el 70% de los maestros de Afganistán eran mujeres. Bajo la dirección del Ministerio para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio, la temible policía religiosa del Taliban podía azotar a las mujeres si se le veían los tobillos o si sus zapatos hacían ruido cuando caminaba por las calles. Públicamente, las mujeres afganas no tenían otra opción que someterse a sus políticas medievales. Empero, en privado, miles se rebelaron organizando una red secreta de escuelas para sus hijas. El hijo y la hija de la Sra. Hadri educaban a jovencitas y niños en una escuela secreta, en su departamento de Kabul. Los estudiantes, que iban de los 8 a los 18 años, pasaban de manera furtiva un puesto militar del Taliban ubicado cerca de su bloque de departamentos, con los libros escondidos bajo sus burqas, dijo ella. El domingo pasado, la Sra. Hadri se sentó en una sala repleta de mujeres que se han estado reuniendo diario en el departamento de la Sra. Parlika para discutir sus ideas con el fin de reclamar sus derechos y obtener otros nuevos en el nuevo Afganistán que está en formación. Pero, como la tarea de crear un país estable a partir de las ruinas que ha dejado la guerra de Afganistán, construir una sociedad más equitativa para las mujeres promete ser una tarea muy ardua. © The Dallas Morning News |
|||