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El 11 de septiembre revive emociones del 7 de diciembre de 1941Sobrevivientes de Pearl Harbor experimentan un nuevo respeto desde los atentados terroristas 12/04/01Por TODD J. GILLMAN / The Dallas Morning News DALLAS Era justo antes de las 8 de la mañana de ese hermoso y aciago domingo. Ed Carstens tenía 19 años y se encontraba parado en la cubierta del barco USS Virginia Oriental en espera del matutino llamado a filas. Que fue cuando llegaron los aviones. El Virginia Oriental recibió el impacto de nueve torpedos y dos bombas. Y Carstens se pasó una hora rescatando a los hombres de la parte baja antes de que llegara la orden de abandonar la nave. Él se las ingenió para llegar a tierra sin tener que nadar a través de combustible inflamado. Otros no tuvieron tanta suerte. El barco perdió 107 hombres. "Un día paz y al siguiente guerra", él comenta - entonces y ahora. El viernes se cumple el 60avo aniversario de Pearl Harbor. Cada año, menos y menos sobrevivientes realizan la peregrinación para asistir a la ceremonia del 7 de diciembre. La mayoría de los sobrevivientes ya están en los 80’s y Hawaii queda muy lejos. Además, los recuerdos se desvanecen. Los supervivientes dirán que los jóvenes ven perplejos las gorras de "los sobrevivientes de Pearl Harbor" sin saber en qué guerra e incluso qué hemisferio tuvo lugar el asunto. Empero, los atentados del 11 de septiembre han reavivado un nuevo interés y mayor respeto por sus sacrificios, aún cuando ellos volvieron a encender la llama de recuerdos muy dolorosos. "Sí, caramba", exclama Ed Chappell, Presidente Nacional de la Asociación de Sobrevivientes de Pearl Harbor de 7 700 miembros. "Esto abrió muchas heridas y volvió a provocar muchas emociones". Sin embargo, él dice, ambos eventos no son tan similares como algunos han querido que sean. "Esta es una época y lugar diferente. Este se perpetró en tierra norteamericana y fue un ataque cobarde. El 7 de diciembre sabíamos quién era nuestro enemigo y ahora no". Carstens, como muchos sobrevivientes, encuentra que su enojo con relación al 11 de septiembre ha aumentado debido a la experiencia personal. A mediados de los 70’s, él trabajó en el piso 17 del Centro de Comercio Mundial como técnico en telefonía. "Siempre admiré esos dos edificios que eran hermosos", señaló Carstens, quien creció en Brooklyn y ahora retirado en Hollywood, Florida. Cuando se colapsaron las torres, él relata, "Yo me senté aquí y me puse a gritar. De hecho, lloré. Esa fue una terrible humillación". Desde entonces se ha reunido con otros sobrevivientes de Pearl Harbor y la plática converge inevitablemente a Osama bin Laden y su red al-Qaeda. Él aseguró que dejaría caer una bomba H en Afganistán, si fuera necesario. Como ellos lo expresan, "la guerra es el infierno y así lo pidieron", dijo. Al mismo tiempo se alegra de dejar que otros se preocupen por las estrategias y enfrentar el nuevo mundo que surgió el 11 de septiembre. "Ya estoy llegando a los 80", comenta, "y le agradezco al Señor no estar empezando a vivir justo en este momento". Mujeres en el servicio Aproximadamente 50 mujeres estuvieron en Pearl Harbor. Lenore Rickert, ahora de 87 años, era una de las siete enfermeras en servicio esa mañana en el hospital de la Isla Ford. En el lapso de media hora, la sala de otorrinolaringología se había convertido en un centro de quemados. A excepción de un compañero al que le habían practicado una cirugía ocular doble, los pacientes regresaron a sus barcos o fueron obligados a ocuparse de los heridos. La Sra. Rickert y otros les preguntaban a los marineros si podían cortar carne. En caso de que no pudieran tener el temple para hacerlo, les daban un cubo de agua y popotes para confortar a los heridos. "Fue horrible y fue bueno. Yo aprendí mucho. Aprendí que lo mejor de las personas aflora en una emergencia", dijo desde su casa en Laguna Woods, California, una comunidad de jubilados cerca de San Diego. "Creo que ahora está surgiendo lo mejor de las personas. Por lo que veo a mi alrededor, todas las banderas, creo que ahora la gente es mucho más conscientes de lo que significa ser norteamericano". La Sra. Rickert había estado en la Armada durante cinco años, uno en Hawaii. Después de la guerra se casó con su novio, un soldado de la marina que pasó la mayor parte de la guerra como prisionero después de un ataque a la Isla Wake. Ellos tuvieron dos hijos antes de que él falleciera. Ella se pasó dos días pegada al televisor después de los atentados del 11 de septiembre. "Esto ha sido bueno porque nos ha abierto los ojos. Yo sé que cuando estoy con mi familia ahora, es diferente. Ya que estoy gozando al máximo de mis hijos, nietos y bisnietos... y estoy tratando de darles de mí lo más posible para hacerles saber que los amo y que siempre me preocupo por ellos". © 2001 The Dallas Morning News |
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