|
En Español
|
|||
Paz brutal en KunduzPrisioneros de guerra a merced de los aprehensores de la alianza 11/28/01Por TRACEY EATON / The Dallas Morning News KUNDUZ, Afganistán La marcha triunfal de las tropas de oposición hacia el último reducto Talibán del norte terminó el lunes en una atmósfera de confusión, celebración y brutalidad. El combate inició temprano, un día después de que la Alianza del Norte afirmara haber tomado Kunduz. Aterrados soldados de la oposición corrían por las calles sin rumbo fijo, ignorando los gemidos de los combatientes heridos que se desangraban en el suelo. Ya entrada la tarde, el caos había disminuido. Según informes recibidos, las tropas de oposición habían capturado y desarmado miles de soldados talibanes, tomando control de ésta ciudad de 100 mil habitantes después de dos semanas de sitio. La victoria dejó al régimen Talibán en poder de sólo una importante ciudad, Kandahar, su base en el sur. "La libertad ha llegado a Kunduz", dijo el empresario Hadayat, de 30 años. "Ya tenemos paz". Esa fue una paz marcada por tiroteos mientras el Talibán libraba un ataque empecinado en su retaguardia. El día inició con soldados de la alianza saliendo por el oeste de la ciudad de Taloqan con dirección Kunduz en un convoy de vetustos jeeps y camiones de fabricación rusa. "¡De prisa!" les gritaban los comandantes a sus tropas. "¡Muévanse!" Ya se había corrido el rumor de que los soldados Talibán estaban huyendo. Oficiales de la alianza informaron que cientos, quizá miles, se habían retirado a un poblado cercano. Empero, cerca de algunas casas de adobe y comercios cerrados de Kunduz todavía repelían el fuego. "Entramos a la ciudad y nos dispararon", comentó Azizullah, un soldado de 25 años a quien le dispararon en el brazo izquierdo y estaba huyendo de la ciudad. "Por lo menos mataron a 50 de nuestros soldados". Otros aseguraron que habían matado o herido en combate a 30 o 40 soldados de la Alianza y casi 100 del Talibán. No se pudieron verificar esas cifras. Era evidente que había muchos menos muertos o heridos en las calles del centro de la ciudad, así como en el hospital. En un jeep de fabricación rusa descompuesto se encontraba un combatiente de la alianza herido sentado en el asiento trasero. El líquido del radiador goteaba y la sangre le corría por el cuello. "¡Este hombre necesita que lo lleven al hospital!" le gritó un amigo a un jeep de la alianza que pasaba. "No voy en esa dirección", gritó el conductor, poniendo el pie en el acelerador. Se veían soldados de la oposición disparándoles a los combatientes Talibán heridos dónde se hallaban tendidos y golpeando a otros. En puestos vacíos del mercado yacían los cuerpos de tres soldados Talibán. Los dedos gordos de los pies de estos milicianos estaban amarrados entre sí con cordones, a fin de impedir cualquier intento de escapatoria mientras vivieran, informó la Prensa Asociada. Los testigos afirmaron que los tres resultaron heridos cuando fueron capturados el domingo y ejecutados el lunes por la oposición. Varios cientos de talibanes se introdujeron en una mezquita y fueron rodeados. Los comandantes de la alianza afirmaron que los combatientes negociaron su salida; no se tiene certeza si escaparon o fueron capturados. Cinco o seis milicianos talibanes escondidos en una planta de procesamiento de algodón cerca de la mezquita les dispararon a los soldados de la oposición. Y tanto los lugareños como los soldados se esparcieron en todas direcciones. Más tarde, aseguraron las tropas de la alianza, regresaron para capturar a los combatientes del Talibán. Los soldados de la oposición creían que había más huestes del Talibán huyendo. "Esta área no es segura", dijo Sami, un comandante que con cautela se encontraba parado cerca de la reja del frente de la planta. "Podría haber francotiradores en los alrededores". Los soldados buscaron casa por casa, pero algunos lugareños se quejaron de que parecían más preocupados por saquear los edificios controlados antes por el Talibán que por asegurar la seguridad pública. Un comandante de la alianza llamado Haroon negó lo anterior: "Somos gente buena. Vean como los habitantes nos dieron la bienvenida cuando entramos a la ciudad". Minutos antes, Haroon había capturado a un hombre en la calle, lo había atado y colocado en un camión. "Yo conozco a este hombre. Es parte de la milicia Talibán. Él solía robarles dinero a las personas de Taloqan", dijo el comandante. "Lo voy a llevar a Taloqan y tendrá que enfrentar a las personas que robó. "Odio a estos talibanes". Su prisionero, Salim, afirmó haber abandonado las fuerzas Talibán hace meses y que se encontraba desarmado. "No he hecho nada malo", agregó él. Calle abajo, los soldados reían y golpeaban el cuerpo de un adepto Talibán. Uno de ellos oprimió el cañón de su rifle contra su cara. "Estas personas son como perros salvajes", dijo un hastiado empleado de una tienda cuando pasaba de prisa por ahí. A mediodía, en la calle principal de Kunduz, un Talibán afgano aparentemente tratando de ganarse a los soldados uniformados que lo habían capturado de repente se hallaba en el suelo. Los soldados estrellaron las culatas de sus rifles en su cuerpo, después bailaron sobre su rostro, informó la Prensa Asociada. Posteriormente, arrojaron su cuerpo inmóvil en la parte trasera de un camión. Al igual que el Talibán, la Alianza del Norte tiene reputación de ser brutal. Por ejemplo, cuando ocupaban Kandahar hace años, sus fuerzas fueron acusadas de robar a los comerciantes y secuestrar y asaltar sexualmente a las muchachas. El lunes, estaban disparando sus rifles al aire sobre los automóviles que se rehusaban a llevarlos a Kunduz. "Tienen prisa, pero no de luchar. Quieren ver lo que pueden robar", dijo un taxista. Durante el ascenso del Talibán al poder, sus líderes prometieron restaurar la paz y fortalecer la ley islámica. Ellos tenían algo de apoyo al principio, afirman residentes de Kunduz. Pero después fueron demasiado lejos. Les impusieron restricciones draconianas a las mujeres, exigieron que se siguieran cabalmente sus prácticas religiosas y prohibieron la música, el lápiz labial y las revistas de modas, entre otras cosas. "No teníamos libertad", afirma el empleado de una tienda Ghulam Reza. "A las personas les propinaban 40 latigazos y cinco días de cárcel si su barba no era lo suficientemente larga". El Sr. Reza no está seguro de que la alianza será mejor. "Si traen la paz a Kunduz, estaremos contentos con ellos. De no ser así, nunca seremos felices", comentó él. Sin embargo, durante algunos fugaces momentos del lunes, muchos lugareños se sintieron aliviados de ver huir al Talibán. Cientos ovacionaron. Un hombre barbado llamado Haji Jan Mohammad, de 60 años, tomó un cartel de Ahmed Shah Massood, un jefe militar de la alianza asesinado en septiembre. "¡Arriba Massood!" gritó. "¡Abajo el ciego Mullah Omar! ¡Abajo Pakistán!" El Mullah Mohammad Omar, quien perdió el ojo derecho en 1989, es el solitario líder del Talibán; y Pakistán es considerado por muchos en Afganistán como el principal patrocinador extranjero del Talibán. La televisión también fue prohibida bajo el gobierno Talibán, observó Nikmohamad, de 20 años. "Yo solía verla en casa con el volumen muy bajo", dijo. "Que bueno que nunca me descubrieron". "Como castigo por ver televisión, los Talibán te pintaban la cara de negro con aceite, te colgaban un pesado televisor alrededor del cuello y te hacían dar una vuelta por la ciudad durante tres o cuatro horas. "¿Qué tipo de vida es esa?" © 2001 The Dallas Morning News |
|||