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on AMERICA

Socorristas reciben con beneplácito su liberación

Las primeras 48 horas de su rescate descritas como una terrible experiencia desgarradora

11/20/01

Por LEE HANCOCK / The Dallas Morning News

ISLAMABAD, Pakistán - El viernes pasado, dos socorristas tejanas capturadas por el Talibán por predicar el cristianismo en Afganistán relataron con detalle sus tres meses en cautiverio, expresando gratitud por las continuas oraciones de todo el mundo y el rescate estilo Hollywood realizado por fuerzas especiales norteamericanas.

En una conferencia de prensa, un día después de su retorno a Pakistán a bordo de un avión militar de Estados Unidos, Heather Mercer y Dayna Curry relataron las frías noches durmiendo debajo de sus camas en medio de los terribles bombardeos norteamericanos. También describieron los días que pasaron con otros cuatro socorristas en una diminuta celda de la cárcel, cantando, rezando, jugando cartas y en ocasiones esperando semanas para recibir noticias del mundo exterior.

Durante ese tiempo, ellas dijeron, algunos guardias afganos declararon su amor por las extranjeras y las llamaron "hermanas", mientras otros salvajemente golpeaban a las mujeres afganas detenidas en prisión por ofensas como huir de sus abusivos esposos.

Cada una escoltada por uno de sus padres, las dos mujeres a veces se sobresaltaban cuando describían los desgarradores días que pasaron en cautiverio, cuando fueron llevadas de Kabul mientras los combatientes Talibán abandonaron la capital afgana la noche del martes.

Las mujeres dijeron que era como ir en la "montaña rusa" por el regocijo, la alegría y el terror que se inició cuando un grupo de soldados del Talibán fuertemente armado apareció en sus celdas a medianoche y les dijo que serían transferidas a una nueva prisión.

Las mujeres manifestaron que recogieron tantas mantas y pertenencias como pudieron y fueron llevadas a la parte trasera de una camioneta cargada con equipo militar.

"De hecho, íbamos sentadas sobre lanzadores de cohetes", comentó Mercer.

Relataron que entonces ellos manejaron durante varias horas al sur de Kabul, deteniéndose en un campo dónde pasaron horas helándose dentro de un contenedor de carga metálico.

En camino fuera de la capital, vieron a ciento de hombres armados, tanques y otros equipos del ejército salir en tropel hacia la fortaleza del Talibán de Kandahar, ubicada en el sur. Mientras salían, ellas relataron, sus captores les dijeron que tendrían que escribir cartas a sus padres pidiéndoles dinero.

"Les aseguraron que ésa era la única forma de quedar libres", señaló Curry. "En ese momento, sabíamos que realmente la única manera de salir de esto era si Dios intervenía".

La mañana siguiente fueron llevadas a una cárcel en el pueblo de Ghanzi, aproximadamente 80 km al sur de Kabul. Ellas explicaron que los bombardeos norteamericanos empezaron casi inmediatamente después de su llegada a la nueva cárcel y después escucharon una gran conmoción, incluyendo un fuerte tiroteo, en el pueblo colindante del que se encontraban detenidas.

"Miramos fuera de la ventana y vimos a todos los talibanes alejarse corriendo, realmente huyendo. Después de aproximadamente 15 minutos de ver hombres huir de la ciudad, todo quedó en gran calma", expresó Mercer. "De repente, escuchamos una conmoción de los hombres que se encontraban en el piso inferior. ... Pensamos que era el Talibán que regresaba y que aquí terminaba todo".

Sin embargo, se abrió la puerta de su celda y un hombre fuertemente armado apareció y comenzó a gritar que estábamos libres. "Comenzó a gritar: '¡Están libres! ¡Están libres!'", rememoró Mercer. "Salimos y había probablemente unos cientos de personas aclamando el suceso. '¡La ciudad está libre! ¡El Talibán se ha ido!'".

Después de varios días con los comandantes de las fuerzas de la Alianza del Norte que liberaron el área dónde fueron encontradas, narraron las mujeres, ellas y otros seis socorristas - dos australianos y cuatro alemanes – fueron sacados el jueves del campo afgano con helicópteros de las fuerzas especiales norteamericanas y transportados en avión a un lugar seguro.

"Lo único que sé, es que fue gracias a las oraciones de la gente que pudimos salir vivos", dijo Curry.

Cuando fueron detenidas en agosto, las mujeres dijeron que fueron interrogadas durante 22 horas por un periodo de varios días. Muchas de las preguntas se centraron en su fe religiosa, observaron.

Sólo después, se enteraron que sus captores talibanes habían tergiversado muchas de sus respuestas para tratar de conformar un caso en el que abiertamente estaban predicando el cristianismo a los afganos, delito castigado con la muerte bajo el estricto régimen fundamentalista islámico del Talibán.

No obstante, las mujeres sostuvieron que en su mayor parte fueron tratadas bien por los custodios y alentadas a orar y cantar en repetidas ocasiones por sus captores talibanes.

"Realmente, considerando las circunstancias, el Talibán nos trató muy bien. Nunca tuvimos hambre", comentó Mercer. "La segunda prisión en la que estuvimos, el propio cocinero del comandante nos preparaba los alimentos. Hubo talibanes que realmente nos cuidaban como si fuéramos sus hermanas. ... Hubo quienes nos hicieron la vida difícil, pero en conjunto, diría que el Talibán realmente procuró darnos un buen trato".

Las mujeres sólo ofrecieron detalles generales de su rescate, afirmando que éste llegó después de varios períodos de discusiones de "ya no, ahora sí" con un comandante de la Alianza del Norte. Cuando fueron llevadas a una pista para esperar a los helicópteros norteamericanos, dijeron, ellas quemaron lo que les cubría la cabeza para estar seguras de que su posición pudiera ser detectada al acercarse las fuerzas norteamericanas.

Afirmaron que los soldados de la Alianza del Norte insistieron en permanecer con ellas hasta que abordaran el avión norteamericano e incluso las tropas fueron por madera para ayudarlas a mantener la fogata encendida.

Los helicópteros norteamericanos entonces descendieron y los llevaron a bordo después de que un soldado estadounidense preguntó, "¿Son los detenidos?"

"No creo que Hollywood lo haya podido hacer mejor", expresó Mercer.

Los socorristas, todos empleados del grupo Protección Internacional Ahora, con sede en Alemania, aterrizaron en la base aérea de Chaklala en las afueras de la capital paquistaní de Islamabad en las primeras horas del jueves.

Todos parecían tener buena salud después de tres meses de cautiverio.

Asimismo, 16 empleados afganos de Protección Internacional Ahora, que fueron detenidos junto con los extranjeros, fueron liberados cuando las fuerzas de la Alianza del Norte entraron el martes a Kabul, declaró un funcionario de las Naciones Unidas en Islamabad.

El Presidente Bush aclamó el giro de los eventos y manifestó que había hablado con las dos norteamericanas la mañana del jueves - ambas originarias de la parte central de Texas.

"Ellas le pidieron que les dieran las gracias a todos por sus oraciones", comentó Bush en la Escuela Preparatoria de Crawford, cerca de su rancho de Texas. "Se dieron cuenta de que hay un Dios bueno y misericordioso. Además de encontrarse en muy buen estado de ánimo, dijeron que aman a los Estados Unidos".

El Presidente había rechazado varios ofrecimientos del Talibán para liberar a las mujeres a cambio de un cese a los bombardeos norteamericanos.

El Talibán había estado de acuerdo en entregar a los socorristas a través del Comité Internacional de la Cruz Roja, manifestaron dos funcionarios de alto rango de la administración. La Cruz Roja iba a entregarlos a las tropas norteamericanas. Sin embargo, antes de que se pudiera concretar el intercambio, la Alianza del Norte anti Talibán invadió Ghazni.

La Cruz Roja declaró en Ginebra que un comandante militar local contactó al Comité de dicha institución, avisándole que habían rescatado a los ocho extranjeros y que querían ayuda para transportarlos fuera de Afganistán.

La organización de asistencia dijo que retransmitió los mensajes entre el comandante y los gobiernos de Estados Unidos, Australia y Alemania, pero afirmó que no podían asegurar a qué grupo étnico o militar pertenecía el comandante.

Bush sólo informó que la Cruz Roja y otras "personas en tierra facilitaron" la disposición de las tropas norteamericanas para rescatar a los socorristas.

El Presidente comentó haber estado preocupado de que el Talibán hubiera llevado a los socorristas a una casa que pudiera haber sido bombardeada accidentalmente y agregó que el ejército estadounidense había estado trabajando en planes para un rescate secreto en caso de haber sido necesario, pero no entró en detalles.

El codirector de Protección Internacional Ahora, Joachim Jager, declaró en Alemania que los ocho socorristas planeaban tomarse dos o tres semanas para recuperarse de su terrible experiencia en un lugar que no mencionó.

Las dos mujeres norteamericanas manifestaron esperar regresar a Estados Unidos y a sus familias en semana y media.

(c) 2001 The Dallas Morning News



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