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El conflicto suscita riesgos y recompensas para los contrabandistas'Estoy aquí porque puedo ganar mucho dinero' 11/07/01Por TRACEY EATON / The Dallas Morning News WALALIJ, Afganistán - Abdul Ruf guió a su asno hacia la orilla de un profundo barranco e inició su descenso por un camino empinado. Él ya estaba libre en casa. Había desafiado a la muerte otra vez. Justo abajo estaba el río Quqcha, donde descargaría sus preciados bultos de té y aceite de cocina y entonces recibiría un pago aproximado de 22 dólares. "Este es un trabajo peligroso, pero vale la pena", afirma Ruf, guardando un fajo de billetes equivalente a 31 veces el sueldo diario de un jornalero. Cientos de contrabandistas descienden a Quqcha, arriesgando sus vidas para traer suministros al territorio rebelde del norte de Afganistán. Ellos recolectan los bienes en los pueblos controlados por el Talibán ubicados al sur del río, luego los llevan a escondidas hacia el norte a través de las líneas de combate bajo el amparo de la oscuridad. Por lo menos, ésa es la idea. No todos los contrabandistas lo logran. Algunos son capturados por el Talibán. Otros pisan minas terrestres y mueren o terminan desfigurados. Otros, incluso, hasta se ahogan mientras cruzan el río. Aún así, el negocio está prosperando; gracias a la guerra civil de Afganistán y, más recientemente, a los bombardeos norteamericanos contra el Talibán. La acción militar restringe las líneas normales de suministro, causando escasez en territorio rebelde. Eso incrementa los precios y las ganancias. "Estoy aquí porque puedo ganar mucho dinero", dice Abdul Hakim, de 40 años y carnicero de Walalij. "Si hubiera paz, yo no creo que ganaría tan bien". Escenario propio de Indiana Jones Cruzar el río Walalij es como algo sacado de una película de Indiana Jones, por lo menos para los ojos de los occidentales. Una tarde reciente, algunas cabras ensuciaban el piso de la tienda de campaña de Hakim. El humo de los cigarros se elevaba en el aire, flotando hacia el exterior. Y los contrabandistas se detenían, intercambiando historias sobre los últimos bombardeos. Un muchacho llenaba con granos la bolsa de alimento de un asno. Y los vendedores convertían cajas de municiones en estuches de exhibición para mercancías menos letales, desde dulces hasta jabones. Jactanciosos comerciantes se perseguían entre sí a lo largo de la orilla del río, lanzándose piedras, palos e insultos. Los soldados entablan peleas simuladas, sobre todo si había una mujer cerca, un raro acontecimiento. Y los animados jóvenes - la mayoría de ellos aspirantes a contrabandistas - se abrían camino hacia las tiendas de campaña color arena donde los hombres bebían té, sólo para guarecerse de la lluvia. Afganistán - incluso antes de que se le diera ese nombre - siempre ha atraído a un colorido elenco de personajes y tampoco han sido contrabandistas únicamente. Alejandro el Grande y Genghis Kan viajaron a través de lo que ahora es territorio afgano. Al igual que lo hicieron las tropas británicas y el Ejército Rojo. Los invasores extranjeros codiciaban Afganistán desde entonces y también ahora. Y mientras que eso ha significado tragedia y muerte para el pueblo afgano, los contrabandistas en Walalij están ahora sacando el mejor provecho de una grave situación. Su asentamiento es una mezcolanza de tiendas de campaña cerca de una aguda curva del Río Quqcha. Y el cual surgió hace un año. "Estamos aquí porque es un lugar seguro para cruzar el río", dice uno de los comerciantes, un ojeroso anciano. Por supuesto, la palabra "seguro" es relativa. Casi 20 personas se ahogaron aquí mientras cruzaban éste profundo río de rápidas aguas el año pasado, relatan los contrabandistas. Las balsas de ramas de árboles y cámaras de llanta se voltean en forma rutinaria, enviando a los infortunados ocupantes a la muerte. No obstante, el efímero viaje es considerado seguro en un país donde 22 años de guerra civil han causado más de un millón de muertes. Donde las minas terrestres han matado a más de 400 mil personas. Y donde los comandantes militares que ejercen el poder civil tienen sus propios ejércitos privados. El mayor peligro, concuerdan los comerciantes, es ser detenidos por el Talibán, el régimen islámico que controla aproximadamente el 90 por ciento del territorio del país. "Si los talibanes me atrapan, estoy seguro que me encarcelarán, me torturarán y me obligarán a combatir con ellos en la guerra", asegura Ruf. "Pero necesito el dinero". En Afganistán son escasos los empleos regulares. La actual guerra civil ha destruido prácticamente todas las industrias y la mayoría de las personas cultivan, comercian o contrabandean para sobrevivir. "Yo no puedo encontrar otro trabajo además de éste", comenta uno de los contrabandistas en Walalij llamado Ramzam. "No hay trabajos". Ocho horas antes, él había iniciado su jornada desde la ciudad de Taloqan controlada por el Talibán. Él y su asno cruzaron las líneas enemigas durante la noche, después caminaron hasta el cruce del río. Pero Ramzam no tuvo la suerte de encontrar vendedor para su carga, 15 libras de azúcar. Lo cual tuvo que vender muy barato. Después se encogió de hombros, aceptando su destino y los 2 dólares de ganancia. Cae la lluvia Otros contrabandistas descargaban sus bolsas de fertilizante, bultos de algodón, cajas de zapatos y latas de gasolina. Entonces empezó a caer la lluvia. Bismullah Ismullah Qurban de diez años se resguardó al lado de una plataforma donde un soldado le rezaba a Alá. En la cercanía, Ghulam Qadir, de 46 años, vendió una caja de aceite de cocina y se alistaba para regresar a territorio Talibán por otra carga. "Tengo que hacer esto. Yo me estoy muriendo de hambre", comentó él. "Y también tengo una familia grande. Una esposa y ocho hijos". żY si lo atrapan los talibanes? "Me matarán", dijo Qadir. "Pero que más puedo hacer?" (c) 2001 The Dallas Morning News |
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