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7.5 millones de afganos se preparan para la hambruna y la masacre glacialA medida que se acerca el gélido invierno, la muerte ronda de manera furtiva los campos de refugiados 11/06/01Por TRACEY EATON / The Dallas Morning News KHOJA BAHAUDDIN, Afganistán - Abdul Samad regresó de la ciudad el año pasado para encontrar a su hijo tendido sobre el suelo congelado. El invierno se llevó al niño, simple y llanamente, dijo. "El frío lo mató. El hambre, también". Y ahora, estando a dos semanas de otro invierno, Samad se está preparando para la mortal embestida. Socorristas dicen que hasta 7.5 millones de afganos están en riesgo de sufrir hambruna, de congelarse hasta la muerte o de morir de enfermedades en los próximos meses. Es un triste panorama enfrentar temperaturas de menos cero grados centígrados y vientos salvajes de 144 km/h contra las capacidades de supervivencia de siglos de antigüedad y el crudo espíritu humano. Los más vulnerables son aquellos que viven en campamentos provisionales después de haber huido de sus casas para escapar de la guerra civil, la sequía y los bombardeos norteamericanos. Un campamento así es Qumqushlaq, cerca de la ciudad de Khoja Bahauddin al norte de Afganistán. Qumqushlaq es un mosaico de tiendas de campaña, cuevas y refugios construidos con ladrillos de adobe que inicia a lo largo de la orilla del río y se extiende por kilómetros. No es difícil encontrar a un padre o una madre que haya perdido a un hijo durante el brutal invierno del año pasado. La mitad de los niños está desnutrida, afirman los socorristas, y uno de tres muere en los campamentos antes de los 5 años de edad. Como otros padres, Samad trajo a sus hijos a Qumqushlaq después de que el Talibán tomó su pueblo. Es un hombre trabajador que conoce del sufrimiento y del sacrificio. Sobrevive sin con agua corriente y electricidad. Sabe cómo construir paredes de adobe resistentes, muy similares a las que hacían sus antepasados. Pero le preocupan poco las técnicas modernas y no se ha molestado en llevar el registro de su propia edad; 27 años, supone él, aunque su encanecida barba y ajado rostro traicionan esa suposición. La Sra. Samad, su esposa y dos hijos viven en un rudimentario refugio construido con ramas de paja y adobe. Después de que murió el pequeño Ahamad de 3 años el invierno pasado, él comenzó a enviar al resto de sus hijos a una mezquita durante las noches frías. "Ahí está más caliente", comentó Samad. "Pero no estoy seguro de que eso será suficiente para salvarlos". También le preocupa su madre, Gulbi Kamper. De manera que hace unos meses cavó un agujero para que ella viviera ahí y lo cubrió con paja. "Construimos de esta manera por el frío y el viento", él dijo. ‘La necesidad es enorme’. Qumqushlaq y otros campamentos cerca de Khoja Bahauddin están peor que la mayoría, dijo Farshad Rastegar, Director Ejecutivo de Ayuda Internacional de Los Ángeles. "La gente no tiene suficiente comida o albergue", afirmó mientras visitaba un campamento. "Es enorme la necesidad". Nadie sabe con seguridad cuántos afganos, a nivel nacional, murieron en los campamentos el año pasado, pero algunos socorristas opinan que probablemente llegaron a los miles. Los moradores del campamento en Qumqushlaq dicen que ahí murieron de 200 a 300 personas. "Si los extranjeros no nos ayudan, el número de muertes podría aumentar este año", señaló Abdul Quahar, de 30 años, albañil cuando puede encontrar trabajo. Muchos de los que murieron el año pasado fueron niños y bebés. También murieron docenas de mujeres; Afganistán tiene la tasa de mortalidad más alta del mundo en mujeres embarazadas. "Es probable que cualquier complicación sencilla durante el embarazo conlleve a algo serio", expresó el Sr. Rastegar. Rooze Mohammed, quien se mudó al campamento el año pasado, reza para que el invierno no se lleve a otro de sus hijos. Su hija de 5 años, Shafiqa, murió el año pasado. "Yo sólo tenía una tienda de campaña", comentó. "Hacía frío y viento. La nieve entró a la tienda y la mojó". Este año, Mohammed usó sus desnudas manos para construir una pared de adobe alrededor de un refugio hecho con ramas de paja. Él, su esposa y el resto de sus seis hijos viven ahí. "Si Alá lo permite, nos quedaremos aquí hasta que los Talibán abandonen nuestro pueblo", dijo. Al preguntársele cómo sobrevivirá, él apuntó al cielo. "Los norteamericanos deben lanzarnos más comida", dijo. Un solo avión pasó hace varias semanas, lanzando paquetes con galletas, azúcar, arroz, pastel y pan, comentó. "Nos lo comimos y estaba muy bueno. Pero el avión sólo vino una vez". Las condiciones son poco mejores en el campamento Nowabad, ubicado a una hora en auto. Este otro campamento no se ubica a lo largo de un río, de manera que está más seco. Por lo que es más fácil cavar refugios en la tierra. Refugio o comida En cualquier caso, las opciones son extremas. "La gente quiere prepararse para el invierno. Ellos quieren hacer construcciones. Pero muchos no pueden hacerlo porque no tienen comida. Así que venden sus materiales de construcción para comprar algo para comer", subrayó Abdul Baqui, de 48 años. En el campamento Nowabad, él ya es un viejo, hogar de aproximadamente mil personas. Y donde murieron sesenta mujeres y niños el invierno pasado. Ellos fueron enterrados en una ladera cercana. Varas y listones marcan sus tumbas. Soldados de oposición están apostados en un tanque a unos cientos de metros. A veces disparan sobre el campamento hacia las colinas dónde se esconden las tropas del Talibán. Pagan el precio En el campamento no se encuentran muchos hombres jóvenes. La mayoría está en el frente. Baqui ha cumplido con su parte de la lucha y pagó el precio. La última vez que se enfrentó al Talibán, lo atraparon, lo detuvieron y en repetidas ocasiones le pasaron un camión sobre una pierna. sobrevivió, pero no su pierna derecha, dijo él, arrastrando un miembro artificial. Eso no le importa, ya que sueña con luchar contra el Talibán nuevamente. "Con la ayuda de Estados Unidos, podremos reconquistar nuestro pueblo", consideró él. "Y entonces volveremos". Incluso antes de que Estados Unidos empezara a bombardear al Talibán el mes pasado, Afganistán ya enfrentaba una crisis humanitaria, aseguran empleados de la ONU. Combatir entre el Talibán gobernante y los rebeldes - junto con una prolongada sequía - había dejado hasta 6 millones de personas en situación precaria. Los ataques norteamericanos forzaron a abandonar sus casas aún a más personas, aumentando el número de afganos necesitados hasta los 7.5 millones, afirman socorristas. El setenta por ciento de los mismos son mujeres y niños. Las mujeres embarazadas enfrentan un peligro en particular; como están las cosas, una madre afgana muere durante el parto cada 30 minutos, según datos del Fondo para la Infancia de la ONU. A los socorristas también les preocupan las 600 a 700 mil personas que viven en la parte norcentral de Afganistán que probablemente se quedarán varadas por el clima invernal. De manera que planean realizar entregas aéreas de alimento en esas áreas. Ha sido casi imposible hacer llegar la ayuda por tierra a Afganistán, aunque las naciones vecinas de Tayikistán y Uzbekistán han empezado a relajar las restricciones fronterizas, manifestó Khalid Mansour, vocero del Programa de Ayuda Alimenticia Mundial de la ONU. Incluso antes de que iniciara la campaña de bombardeos estadounidenses, los empleados de la ONU habían empezado un proyecto para ayudar a 90 mil afganos desplazados. Pero el proyecto tuvo muchos problemas de seguridad, personal y de escasez de combustible, informó la vocera de la ONU, Stephanie Bunker. "Todo comenzó a irse a pique", declaró ella. Perder a un hijo Las cuales no son buenas nuevas para los pobladores de los campamentos. Tomemos por ejemplo el caso de Shamusuddin, un agricultor de trigo de 25 años. El año pasado, él y su familia buscaron refugio en un agujero en la tierra. Pero la nieve y el hielo fueron demasiado para su hijo de 1 año de edad, Gulbuddin, quien falleció. Él espera que su hija de 4 años no tenga el mismo destino este año. "Temo la llegada del invierno", subrayó él. "Si la nieve llega otra vez, será muy difícil sobrevivir". (c) 2001 The Dallas Morning News |
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