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Para una familia Mexicana, su hijo está desaparecido y no muertoLa fe en su sobrevivencia en Nueva York significa que no lo incluyó el Día de Muertos 11/05/01Por DAVID SEDEÑO / The Dallas Morning News JONACATEPEC, México - El Día de los Muertos no fue sencillo para Eulalia Campos de Olmedo. El viernes pasado, Eulalia colocó alimentos y agua para las almas de su fallecido esposo y sus padres, pero no pudo lamentarse totalmente por su hijo Juan Ortega, quien está en una lista de desaparecidos de los escombros del World Trade Center. "Esta ha sido una época difícil para mi", dijo el jueves, tratando de contener sus lágrimas. "Mi hijo ha desaparecido y eso ha sido muy difícil para mi". En todo México, millones de personas honraron a sus difuntos el viernes pasado. Colocaron pan y agua, alimentos y flores y recuerdos en altares hechos a mano en sus hogares. Fueron a los cementerios, limpiaron las sepulturas y colocaron flores frescas en los floreros de las tumbas. Y comieron, bebieron y recordaron a sus difuntos. En un país donde las trivialidades económicas y políticas pueden dividir al país, el Día de los Muertos es una conmemoración nacional que unifica a los 100 millones de personas mediante una celebración de vida y muerte. La conmemoración, con sus raíces precolombinas y ceremonias influenciadas por el catolicismo, puede ser más sentida en ciudades y poblaciones rurales, las cuales pueden verse más afectadas por la muerte de sus residentes que las áreas metropolitanas. Pero el viernes, no hubo ningún altar u ofrenda para Juan Ortega. Su madre cree que aún está vivo el más joven de sus siete hijos y está aferrada a esa creencia hasta que escuche con certeza que definitivamente está muerto. Muchos de sus hijos tienen la misma sensación; pero temen que si esta muerto, su espíritu estará en el limbo. "Esto ha sido muy difícil para todos nosotros, pero especialmente para mi madre", dijo Atanacia Ortega Campos, de 53 años. "Aún tenemos esperanza y estamos pidiendo a Dios para que lo regrese a casa". La familia Ortega dijo que ha sido difícil obtener información sobre la suerte de Juan. A diferencia de otros países que perdieron cientos de ciudadanos en el ataque del 11 de septiembre al World Trade Center, el número oficial de mexicanos muertos es menor a 20. Los medios de difusión mexicanos le han estado dedicando menos tiempo a los esfuerzos de rescate. Y pese a su cercanía con los Estados Unidos y las nuevas relaciones entre los presidentes de ambos países, México continua el debate sobre los bombardeos de Estados Unidos a Afganistán en represalia por los ataques a la Costa Este. Familiares del Sr. Ortega han estado buscando noticias de los esfuerzos de rescate en el World Trade Center que no se pueden obtener en la televisión mexicana. "Todos aquí en el pueblo sigue preguntando por nuestro hermano, pero no sabemos nada", dijo Refugio, hermano de Juan Ortega. "A todos les simpatizaba. Nunca causó daño a nadie y siempre les ayudaba a todos". Jonacatepec, una población de 18 mil personas del céntrico estado de Morelos, está lejos del bullicio de Manhattan. Donde los caminos de terracería y las calles pavimentadas se entrecruzan con frecuencia. Y donde trabajadores a caballo se topan y negocian derechos de vía con los Volswagen. La mayoría de los edificios son de una planta, un agudo contraste con los rascacielos que formaron parte de la vida de Juan Ortega. El Sr. Ortega vivió allí los primeros 31 años de su vida. Se casó con Luz María Mendoza Sánchez hace 14 años. Vivieron con su madre mientras trabajaba en diversos oficios y cuidaba de su familia. Hace un par de años, Juan Ortega decidió que su ultimo trabajo repartidor de agua potable del pueblo no le ayudaría a alimentar y vestir adecuadamente a su familia, que incluía a su esposa y tres hijos. Él tenía buenos amigos que estaban ganando buen dinero en Nueva York y decidió seguirles los pasos. Luego de establecerse ahí, le enviaba dinero a su esposa e hijos de manera regular. Sin falta, les llamaba un par de veces a la semana. Recientemente les dijo que su más reciente trabajo era en un restaurante del World Trade Center. Su tarea: entregar alimentos en las oficinas del complejo. La última vez que le llamó a su esposa fue el lunes 10 de septiembre y le dijo que todo estaba perfecto. "Aún no estoy convencida de que mi hermano esté muerto", dijo Refugio Ortega, mientras vendía vasijas de barro en el cercano mercado de Amayuca. "Probablemente esté herido o perdido en algún lado". La esposa de Juan Ortega ha estado en Nueva York desde mediados de septiembre, en espera de saber qué pasó con su esposo. Ella no ha llamado a casa, pero hace poco menos de una semana mandó por sus tres hijos: Juan Carlos, de 13; Edgar Santiago, de 11; y Giovana, de 11. Todos se encuentran en Nueva York con apoyo del gobierno mexicano. Se espera que los niños regresen a casa de su abuela en los próximos días. El jueves pasado por la tarde, la Sra. Campos de Olmedo comenzó a erigir el altar para su esposo y parientes. Su familia encendió vasijas llenas incienso para atraer a sus almas y colocó senderos de caléndula para guiar a sus espíritus hasta la casa de la familia ubicada en el No. 15 de la calle Mercado. La familia estaba convencida de que la ofrenda no era para Juan Ortega. "Nunca perderemos la esperanza de que regrese algún día", dice Atanacia, la hermana de Juan Ortega mientras sostenía un folleto que daba cuenta de la desaparición de su hermano. "Por lo menos tengo la esperanzas de que un día me llame por teléfono y me diga, ‘Hey, soy yo, Juan. Estoy vivo’". "Y si en uno o dos años descubrimos que está muerto", dijo reprimiendo las lágrimas, "siempre lo llevaremos en nuestros corazones". (c) The Dallas Morning News |
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