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Opinion: Es más fácil propagar miedo que diseminar el ántrax11/02/01Por BLACKIE SHERROD / The Dallas Morning News DALLAS Realizando tenazmente una difícil investigación, su fiel reportero corrió a la biblioteca del periódico y se encontró con una figura aterradora. Un monstruo. Un mascaron y voluminosos guantes blancos, algo propio de trasnochar leyendo a Stephen King. Veloz como una bala, su héroe fue por su confiable pata de cochino, comprendiendo demasiado tarde que había dejado esa condenada cosa sobre su buró en Dodge. Sin embargo, siempre está el jiu-jitsu, y aún cuando asumí la posición y advertí a gritos que mis manos eran armas mortales, escuché una risita desde la parte posterior de la máscara. Fue entonces cuando reconocí que el grotesco monstruo era la Srita. Sharon, una agradable dama que ordena el considerable correo de la biblioteca. Esta fue una extraña escena que ahora es muy familiar en las salas de correo de todo el mundo de los medios de comunicación, del mundo político y sólo Dios sabe que mundo el manejo del correo enmascarado y protegido. Nosotros estamos aquí, en la frontera sudoeste, a miles de kilómetros de cualquier otro lugar y debemos manejar el correo como si envolviéramos una víbora de cascabel con un Kleenex. Este pánico al ántrax, real e imaginario, tiene al populacho tan nervioso como a un gato en un cuarto lleno de mecedoras. Edificios vacíos, el Congreso interrumpido, tapabocas distribuidos, conductores de noticieros de televisión reprimiendo las lágrimas dramáticamente. Esto sería casi cómico, todas esas personas en trajes espaciales portando cautelosamente bolsas de plástico en las aceras de Nueva York y por todos lados, si no fuera tan escalofriante. Servicios tan comunes como el Servicio Postal de los Estados Unidos - debido a las crecientes incidentes a causa del polvo de ántrax, talco de bebé Johnson o cualquier otra cosa enviada por correo - de repente son una actividad sospechosa. En forma realista, tristemente, esto debe apuntarse como una victoria para los terroristas, quienesquiera que sea o lo que representen. Una vez más, es notorio que ésta no es una campaña rudimentaria, soñada alrededor de la fogata de campamento en una cueva y esbozada con una vara sobre la arena por aficionados descalzos. Sería muy ingenuo subestimar a este enemigo particular, a pesar de toda la inspirada verborrea expresada ante las cámaras por su típico congresista. Existen esos expertos - y Dios sabe que tenemos un exceso de ellos - que claman que los compinches de Osama bin Laden no son los responsables de este asunto del ántrax y que son los grupos raciales dentro de estas fronteras los que encontraron una perversa oportunidad en el quicio de sus puertas. Quizá así sea, empero, Osama bin Laden o Saddam Hussein (según yo) fueron los que abrieron la puerta e invitaron a colaboradores voluntarios. Los terroristas se han apoderado y perfeccionado la tradicional arma contra los fuertes: el miedo. Hace años, en una novela olvidada de un autor olvidado, recuerdo una frase de un viejo líder terrorista del Medio Oriente: "El miedo es el arma más poderosa del débil." Reflexionen sobre esto. El miedo a lo desconocido. En comparación, el miedo del campo de batalla es una nimiedad. Hace siglos, un profundo pensador de nombre Montaigne escribió: "A lo que más le temo es al miedo". Franklin D. Roosevelt, en su discurso de toma de posesión en 1933, lo parafraseó: "La única cosa a la que debemos temer es al miedo mismo". George W. Bush repite el sentimiento, pero esto es algo difícil de creer. Sin embargo, parece que otra estrategia diabólica está detrás de este asunto del ántrax. Este país es conocido por su proliferación de medios de comunicación: periódicos, sitios de Internet, radio, redes de televisión y canales de noticias por cable que dan información las 24 horas del día. Lo cual es un recurso nacional. Por consiguiente, Osama bin Laden, Saddam Hussein, o cualquiera, debe ser estudiante de jiu-jitsu. Esta disciplina japonesa de combate físico usa la fuerza del oponente contra sí mismo. Dejen que el enemigo provea el poder para que él mismo se tropiece. Mientras más grande sea, más fuerte será la caída. Y todo parece indicar que el poder de los medios de comunicación se está usando para avivar el miedo al ántrax. El ántrax de repente se convierte en noticia de portada y Afganistán pasa a las páginas interiores de los periódicos. Para asegurar que el ántrax tenga atención prominente, los conspiradores incluyen a los propios medios de comunicación - cadenas televisivas, periódicos y compañías de Internet entre sus objetivos. Existe la probabilidad de que esto genere un exceso de reportes clásicos. "De ninguna manera queremos alarmarlos", dice el locutor, en la introducción de sus boletines, y después se pasa los siguientes 30 minutos haciendo que se te caigan los calzones del miedo. Algún filósofo de fogata de campamento alguna vez sugirió que los fantasmas no hacen daño, pero si harán que tú te dañes. Él podría haber dicho miedo, pero es un virus en sí mismo. (c) 2001 The Dallas Morning News |
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