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on AMERICA

Norteamérica se centra en Bin Laden mientras el rostro del mal implica riesgo de fracaso en su captura:

Matar al asesino fugitivo podría provocar que la gente pierda la fe

10/25/01

Por ED TIMMS / The Dallas Morning News

DALLAS - Un hombre.

El ejército más poderoso del mundo.

¿Fuerzas comparables?

Las probabilidades están claramente en contra del terrorista acusado de ser el actor intelectual: Osama Bin Laden. Satélites espías y aviones de reconocimiento recorren la escabrosa campiña afgana mientras aviones norteamericanos bombardean los blancos y unidades de comandos de elite se preparan para atraparlo.

Para Estados Unidos, todavía tambaleante a causa de los recientes atentados terroristas, la persecución de Bin Laden brinda un punto central de ira y pesar colectivo. Llevarlo ante la justicia, o verlo muerto, podría convertirse en la primera victoria tangible y sustantiva de la nueva guerra contra el terrorismo.

"El peligro, evidentemente, es que si no se le puede atrapar o lleva tiempo hacerlo, es probable que la gente se desmoralice", afirma Cal Jillson, politólogo de la Universidad Metodista del Sur.

"Pero considero que la administración descubrirá que no tienen otra opción. A ésta maldad le han dado un rostro muy claro, el de Osama Bin Laden, que tienen que perseguirlo hasta el agotamiento", agrega.

No mucho después de los atentados del 11 de septiembre al World Trade Center (WTC) y al Pentágono, el presidente norteamericano George W. Bush declaró que quería a Bin Laden vivo o muerto.

Las más recientes declaraciones públicas del Presidente enfatizaron el interés de Estados Unidos en la justicia e indicaron que la guerra contra el terrorismo no terminará ni pronto, ni sin sufrimiento.

"Existe un alto riesgo en considerar como objetivos principales la captura o eliminación de individuos específicos", opina el politólogo de la Universidad de Texas A&M, Charles Hermann, quien prestó sus servicios en el equipo de apoyo del Consejo Nacional de Seguridad durante la administración del ex presidente Richard Nixon.

"Puede que la administración de Bush se preocupe, lo declaren o no, de que la gente esté empezando a asociar la captura de Bin Laden con el triunfo, y ello, lo saben, es algo muy difícil", afirma.

No es la primera vez que Estados Unidos ha convocado a su ejército para designarle la captura o muerte de un adversario. Los resultados han sido heterogéneos.

El revolucionario mexicano Francisco Villa fue blanco de una "Campaña Punitiva" en vísperas de la entrada de Estados Unidos a la Primera Guerra Mundial. Una fuerza estadounidense de varios miles de soldados empleó las maravillas de la tecnología de punta de esa época en su persecución: aviones, vehículos y motocicletas propulsadas por gasolina. Lo cual no fue suficiente para capturar al rebelde.

Durante la Segunda Guerra Mundial, un osado ataque aéreo exigió la vida del Almirante japonés Isoroku Yamamato, el inteligente estratega que planeó el sorpresivo ataque a Pearl Harbor.

Yamamato fue tan víctima de la notable recopilación de datos de inteligencia como los combatientes que murieron tratando de interceptar su avión. Los oficiales militares de Estados Unidos no anunciaron con anticipación su intención de matar al Almirante Yamamoto. Se guardaron en secreto muchos de los detalles de la incursión hasta después de la guerra.

La captura de Noriega

La invasión a Panamá de 1989 condujo a la destitución y captura del dictador Manuel Noriega, quien estaba implicado en contrabando de drogas.

Entre los estrategas políticos del momento, señala Hermann: "... al parecer existía un serio debate sobre si debíamos plantearnos como objetivo capturar a Noriega".

"Mientras que era evidente que querían atrapar al dictador, reconocieron que si hacíamos eso un objetivo explícito, tendríamos problemas para demostrar nuestro triunfo si no lo lográbamos".

Otros operativos de Estados Unidos no fueron exitosos en lo absoluto, incluyendo los esfuerzos por neutralizar al líder libio, Moammar Kadhafi, al líder iraquí, Saddam Hussein, y al gobernante comandante militar de Somalia, Mohamed Farah Aidid. Así como el ataque con misiles en 1998 dirigido a Bin Laden después de ser cómplice en los bombardeos de dos embajadas estadounidenses en la parte oriental de África.

El otrora presidente Ronald Reagan aprobó un ataque aéreo a Libia en 1986 después de una serie de incidentes terroristas en los que estuvo implicado el país. Los blancos incluían varios puestos del ejército y un campamento donde Kadhafi se quedaba a menudo. No mataron a Kadhafi, pero su joven hija adoptada fue una de las víctimas.

Los partidarios de la incursión armada afirmaron que disminuyó el entusiasmo de Kadhafi por las actividades de apoyo terrorista. Los críticos aseguran que la evidente implicación de agentes libios en el derribamiento del Vuelo 103 de Pan Am sobre Lockerbie, Escocia, en 1988 sugiere lo contrario.

Durante la Guerra del Golfo Pérsico, los bombardeos de los aliados atacaron repetidamente lugares que se sabía visitaba Hussein, pero resultó ileso.

Aidid, posiblemente el comandante militar más poderoso del gobierno de Somalia, fue sujeto a una determinada cacería en espera de que su captura ayudaría a traer estabilidad a éste país azotado por la guerra.

Esos esfuerzos resultaron frustrados en repetidas ocasiones y condujeron a un intenso bombardeo aéreo en 1993 que ocasionó la muerte a 18 estadounidenses. Se puede debatir acerca de si más intentos contra Aidid pudieron haber conducido a una conclusión diferente. Ese caso también podría aplicarse a Gadhafi y Hussein. Por una variedad de razones, pero los estrategas políticos eligieron no comprometerse.

Juego de elevado riesgo

Sin embargo, con Bin Laden los riesgos son mayores. Y la resolución de atraparlo parece ser inequívoca. Mientras se encuentre libre, la presión sobre él limita su tiempo y oportunidades de planear nuevos actos de terrorismo.

Pero Bin Laden ha demostrado no ser una presa fácil.

Implicado en otros atentados terroristas anteriores a los del 11 de septiembre, los esfuerzos de Bin Laden por evadir la justicia han tenido éxito. Resultó ileso de los ataques de misiles crucero lanzados contra su campamento de entrenamiento en Afganistán, en 1998.

Incluso ante el poderío del aplastante ejército, el expatriado heredero de la construcción saudita tiene algunas ventajas.

Afganistán, un país sin salida al mar algo más pequeño que Texas, ofrece muchos lugares para esconderse. Cañones remotos y cuevas son características comunes del territorio.

También, podría tomar la ventaja de lo que es, en efecto, un escudo humano.

Una parte significativa de la población de Afganistán simpatiza, si no abiertamente, a favor del dogma terrorista antiestadounidense de Bin Laden.

Siguiendo el ejemplo de Aidid, Bin Laden podría establecerse directamente en medio de Kabul, la capital de Afganistán, o en otra ciudad.

Además, los prolongados ataques de bombarderos podrían percibirse cada vez más como una acometida contra el Islam; y el llamado daño colateral - lesionar o matar a civiles - podría atraer nuevos miembros a Al-Qaeda, la red terrorista de Bin Laden.

Existe la remota posibilidad de que pudiera reubicarse en otro país, o que ya haya abandonado Afganistán: incrustado entre los miles de refugiados que están huyendo, quizá incluso disfrazado con una burkha, vestimenta femenina que asemeja una tienda de campaña.

Pakistán le podría ofrecer por lo menos refugio temporal. Mientras que el gobierno militar está tentativamente apoyando la campaña estadounidense contra el régimen Talibán de Afganistán, muchos de los pakistaníes están a favor del Talibán y de Bin Laden.

"Cuenta con un gran mar en el que puede nadar", opina Ron Hatchett, uno de los grandes negociadores del Departamento de Defensa durante la administración Reagan. Bin Laden, señala, es visto por algunos en la región "como un personaje de Robin Hood, alguien que ataca en nombre del mundo islámico".

Ese tipo de apoyo obstaculiza los esfuerzos para localizar a Bin Laden, como lo hace la reconocida deficiencia en materia de "inteligencia humana", espías dentro de Afganistán que podrían proporcionar información precisa y oportuna sobre su paradero.

La fuga de Bin Laden

Analistas de inteligencia sospechan que el empresario saudita está constantemente en movimiento, de manera que antes de que la información referente a su vigilancia pueda analizarse y lanzarse un ataque militar, éste ya se encuentra en otro lugar. Algunos especulan que en ocasiones viaja en ambulancias aparentemente inofensivas para evitar ser descubierto.

Finalmente, encontrar a Bin Laden podría requerir un derrocamiento del régimen Talibán y un gobierno más cooperativo en Afganistán.

"Si contáramos con un gobierno legal viable internacionalmente reconocido en Afganistán, entonces sería su responsabilidad", afirma Amin Tarzi, analista del Centro de Estudios de No Proliferación del Instituto de Estudios Internacionales de Monterrey (California).

"Un individuo se puede esconder en cualquier parte", dice Tarzi, ex marino que proviene originalmente de Afganistán. "De manera que considero que es una buena estrategia drenar el pantano. Así el mosquito no puede esconderse".

A medida de que progrese la persecución, los estrategas políticos también deben confrontar las consecuencias potenciales de cómo se va a realizar, cuánto tiempo tomará y su resultado.

Existen dos problemas básicos al tomar como único blanco a Osama Bin Laden", opina Loren Thompson, analista de seguridad nacional del Instituto Lexington, institución dedicada a la investigación intensiva de tecnología y armamento cuya sede se encuentra en Virginia.

"En primer lugar, ello exagera su importancia en la región. Le otorga una calidad más grande que la vida. Y ciertamente no estamos tratando de crear un héroe.

"El segundo problema es que la organización Al-Qaeda es una coalición muy libre de personas que piensan igual. Esta son organizaciones diferentes en países diferentes y necesitamos entender que esto se trata más de detener una enfermedad que de eliminar a una sola persona".

De hecho, el recuerdo y la influencia de Bin Laden podrían desvanecerse después de que sea capturado o asesinado. Sin embargo, las percibidas injusticias realizadas por Estados Unidos y la actual violencia judío-palestina le brindan un terreno fértil al radicalismo.

"Aun cuando capturemos a Osama Bin Laden y a sus miembros más cercanos, ¿Cómo enfrentaremos a los jóvenes de 12 y 14 años que están madurando como los nuevos Bin Ladens?" cuestiona Hatchett, Director del Centro para Estudios Internacionales de la Universidad de San Thomas en Houston.

"Y mi respuesta es, tenemos que examinar con mayor detalle nuestras políticas que están ocasionando que ellos nos odien tanto".

Copyright 2001 The Dallas Morning News



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