|
En Español
|
|||
El cielo es el límite para el capitalismoSin leyes contra todo, desde papalotes hasta estéticas, los empresarios afganos están dándole a la gente el negocio 01/08/01 Por TOD ROBBERSON / The Dallas Morning News KABUL, Afganistán - En cuanto se legalizó las diversión otra vez, Muhammad Zamon supo que iba a ser un hombre muy ocupado. Al ser uno de los principales fabricantes de papalotes de Kabul, Zamon dice que nunca había visto a su negocio elevarse tan alto como en las seis semanas posteriores al derrocamiento del Talibán y, con ello, el fin de la prohibición de volar papalotes. "Solíamos tener un gran número en existencia y ningún cliente. Nada se vendía debido a la prohibición. Ahora no los puedo hacer lo suficientemente rápido", comenta Zamon, de 57 años. "En cuanto termino uno, alguien llega y lo compra". En el Afganistán posterior al Talibán, los astutos comerciantes están evaluando el interés popular por todos los pasatiempos y placeres que antes se consideraban fruta prohibida. Jóvenes y viejos empresarios han empezado a llenar rápidamente el mercado de productos y servicios que, hasta hace menos de un mes, hubieran podido representar castigos que iban desde la cárcel hasta ser azotado en público. La recién resucitada industria musical está elevando los volúmenes de ventas mediante una emisión casi diaria de nuevos éxitos para satisfacer la demanda. Los baños públicos están abarrotados. Los cines están proyectando llenos totales en un futuro previsible. Y las personas como Zamon dicen que el cielo es el límite para las ventas de papalotes. "La demanda en mi negocio se ha incrementado por lo menos en un 100% en las últimas tres semanas", afirma el veterano fabricante de papalotes durante 30 años. Sentando en el suelo afuera de su tienda de Kabul, haciendo tiras de bambú con un cuchillo para confeccionar las crucetas ligeras de sus papalotes, Zamon afirmó que la demanda sin precedente está obligándolo a trabajar día y noche para completar los pedidos. En Estados Unidos, un negocio de venta de papalotes probablemente ni siquiera recibiría un segundo vistazo en el Club de Habilidades Juveniles de la preparatoria local. Pero en el Afganistán privado de estímulos sensoriales, cualquiera que pueda elaborar rápidamente un producto o servicio alguna vez proscrito por el Talibán está obteniendo grandes ganancias. "Yo solía vender papelería, pero no me fue muy bien", dice Aurash Azizi, un vendedor de 16 años. "Y cambié a la fabricación de papalotes hace unas semanas y ya estoy vendiendo 20, 30, quizás 40 al día". Con una inversión inicial de 800 mil afganis, aproximadamente 40 dólares, Azizi pudo comprar unas cuantas docenas de papalotes, carretes de cordón y otros accesorios. En una semana ya había recuperado su inversión. Él estima sus ganancias en alrededor de 40 dólares al día. En un país donde el producto nacional bruto per cápita es de 256 dólares anuales, las personas como Zamon y Azizi son verdaderos magnates. Paquetes de préstamos enfocados Organizaciones de ayudan no gubernamentales, al percatarse que los nuevos empresarios podrían ayudarle a mejorar económicamente a un país devastado por la guerra, están reuniendo millones de dólares en paquetes de préstamo enfocados al sector "microempresarial" de Afganistán, declaró Abdul Fatah Mamnoon, gerente regional del Centro de Coordinación de Ayuda Afgana. Muchos pequeños negocios sobrevivieron durante el gobierno Talibán, pero negocios como las tiendas de música, los salones de bodas, los salones de belleza, los cines, los talleres de reparación de televisiones y las tiendas de papalotes fueron rápidamente aniquilados u obligados a funcionar clandestinamente. Las razones para algunas de las prohibiciones variaban ampliamente, a menudo basadas en razones que muchos afganos aseguran nunca haber entendido. Por ejemplo, se prohibió volar papalotes porque el Ministro de Difusión de la Virtud y la Supresión del Vicio del gobierno Talibán sospechaba que los niños podían usar los papalotes como una excusa para subirse a las azoteas y espiar los patios traseros y las casas de los vecinos. Podía haber mujeres caminando sin sus burkas, dio como razón el Talibán, y en consecuencia se tuvo que prohibir el volar papalotes. El Talibán también prohibió cualquier cosa que tuviera que ver con la fotografía, la televisión, las películas o los videos, porque los estudiosos del Talibán creían que el Corán prohíbe cualquier recreación de la imagen humana. El gobierno hizo una excepción especial en el caso de las fotografías para los pasaportes y tarjetas de identidad. Se prohibieron las grabaciones de música, los equipos de sonido de los estudios, los radios y los estéreos porque las melodías agradables al oído eran consideradas una distracción del deber principal de los musulmanes: el culto a Alá. En un momento dado, el Talibán incluso intentó prohibir la venta o posesión de canarios enjaulados u otras aves sonoras. "Un día, nosotros estábamos en nuestro estudio y el Talibán entró con palos y mazos. Ellos rompieron todo lo que teníamos", dice Aziz Ghaznabih, uno de los más populares cantantes del país. "Quemaron nuestras bocinas y nuestros micrófonos. Sacaron nuestras guitarras y las colgaron en una ceremonia pública. ¿Pueden creer eso? Nuestros instrumentos musicales estaban colgando de lazos como si hubieran sido ejecutados". "Durante los primeros dos años del Talibán, no interpreté ni una sola nota", agrega él. "Me dejé crecer la barba y estaba sentado sin hacer nada. La música es todo lo que sé". ¿Es bueno el cambio? Sin embargo, no todos están contentos con el cambio. Saeedrahim Saeedi, fotógrafo de video de bodas, dijo que sus ingresos eran mayores cuando estaba prohibido su negocio. Mientras sostenía su cámara de video Panasonic M3500 con 14 años de antigüedad, Saeedi comentó que solía ser uno de los pocos fotógrafos de videos de la ciudad, lo cual significaba poder cobrar precios elevados por el riesgo que implicaba grabar una boda de manera ilegal. En una semana típica, él podía ganar 200 dólares en su negocio ilícito. Ahora que el negocio es legal, señala, "Todos lo estamos haciendo. Para ser franco, yo ganaba mucho más dinero cuando era el único de la ciudad". (c) 2002 The Dallas Morning News |
|||